Sobre mi…

¿Te interesa conocerme un poco mejor?

Soy una chica de Cantabria. Tengo 35 años. Y aún estoy estudiando. No porque sea una mala estudiante, o porque no tenga un objetivo muy claro en la vida, o porque no me interese destacar profesionalmente,… (como podría creer cualquiera). Al contrario. Desde muy pequeña me ha gustado estudiar y en muchas ocasiones he recibido el reconocimiento de profesores y compañeros, en todos los niveles académicos.

Pero, también desde muy pequeña, he estado ligada a las enfermedades. A los dos años, me diagnosticaron alergia-asmática. De niña, me fue muy complicado seguir el ritmo de estudio de mis compañeros porque durante el curso sufría muchos ataques, y muy agudos, que me impedían la asistencia al colegio. Mi mejor época del año era el verano (aquí en el norte de España, el invierno es muy húmedo; la primavera para las alergias, ya se sabe lo mala que es; y el otoño, estaba bien hasta que llegaba el frío, que en los 80’s  y 90’s, con eso del cambio climático, llegaba primero que ahora).

Tal vez por mi enfermedad, soy más consciente, desde muy pequeña, del aspecto afectivo de las personas. Y, tal vez sea eso lo que me ha motivado siempre a dar más importancia a las necesidades de los que me rodean. Porque en la vida, para mi, lo importante al final no es lo que uno es, o tiene, sino lo que puede hacer por los demás (nada de levantar mucho la nariz, engreído y soberbio, para mirar hacia adelante, olvidándote de los que tienes al lado y sus problemas. Que al final ellos pueden, o no, solucionarlos, pero tú, a la larga, puedes encontrarte enfermo y solo, sin más auxilio que tus banales amigos: éxito y dinero).

Resumiendo: Las enfermedades son la principal razón por la que me encuentro aún terminando la carrera (si Dios quiere, y va todo bien, este será mi último curso, y el próximo podré centrarme en el proyecto, y lo que surja). Estoy matriculada a tiempo parcial porque me dedico también, además de a estudiar, a cuidar a mis padres:

  1. Mi padre fue operado de cáncer hace algunos años, y después recibió tratamiento con radioterapia durante unos meses. A raíz de la operación, le surgieron problemas cardíacos porque perdió mucha sangre durante la misma. / También tiene dificultades de visión por una trombosis a la vista, precisamente por complicaciones con el tratamiento cardíaco que debe seguir desde su intervención quirúrgica: con el ojo izquierdo no es capaz de ver nada (una situación complicada que debes superar y tomar con positividad después de llevar toda tu vida valiéndote de ambos). Además, recientemente, le han descubierto hipertensión y diabetes.
  2. Mi madre sufre muchos problemas de salud (también hipertensión y diabetes, grandes dificultades de movilidad dado que tiene una discapacidad del 85%, artrosis progresiva, obesidad mórbida (y las consiguientes dificultades que añade a todo lo anterior). Por todo ello le han concedido la Ley de dependencia hace ya 8 años (para quién no conozca mucho sobre el tema, en esta sección web del Instituto Cántabro de Servicios Sociales podréis encontrar abundante información al respecto).
  3. También he cuidado mucho a mi tío José Luis (hermano soltero de mi madre, que siempre vivió con nosotros y ayudó a educar y a sacar adelante a sus tres sobrinas). Exactamente hoy, 8 de Marzo de 2017, se cumplen ocho años desde que mi padrino de bautizo (y mi segundo padre) nos dejó a causa del cáncer de esófago que, tras año y medio de lucha (con constantes y eternas revisiones oncológicas; periódicas sesiones de quimioterapia, de seis u ocho horas, que le mantenían postrado en una silla, o cama, con el gotero trabajando permanentemente desde el otro extremo de la intravenosa “regalada” nada más llegar al hospital; las correspondientes secuelas: caída del cabello, disminución progresiva de peso y masa muscular, lógicos cambios de humor y de ánimo,…; abrasantes sesiones de radioterapia que le “permitirían” pasar mejor los alimentos; pastillas y jarabes diarios para soportar las molestias, pero que le provocaban taquicardias, nauseas, o vómitos al poco tiempo de tomarlos; pruebas ecográficas y resonancias;  los parches y comprimidos de morfina que nos facilitaron los médicos paliativos sus últimas 48 horas de vida;…), terminó por llevarle de nuestro lado después de darnos su última lección: “la vida hay que tomarla como viene, intentar hacerla lo más bonita que se pueda, y no decaer en la batalla, ni perder la sonrisa, mientras el final llega”.

Y aquí sigo yo, en el presente, librando mis batallas e intentando hacer más llevaderas las de los que me rodean. Todo ello con la positividad y el optimismo necesarios para salir adelante, que es lo que finalmente vale para todo propósito en la vida.


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